El proyecto de reapertura incluye la construcción de una tubería de 30 kilómetros desde las instalaciones mineras de Aznalcóllar, pasando por Sanlúcar La Mayor, Valencina, Olivares, Salteras y Santiponce, hasta el Estuario del Guadalquivir —Zona de Especial Conservación de la Red Natura 2000—, a escasos metros del término municipal de Sevilla, exactamente frente al Estadio de la Cartuja.
Por esta tubería, durante más de 18 años, se verterán 85.520 millones de litros de agua con cantidades críticas de metales pesados (según declaraciones de la propia empresa) en el cauce del Guadalquivir.
A estos 85.520 millones de litros hay que sumar los 11.700 millones de litros de Mina Las Cruces (vertidos entre 2009-2022) y los 32.760 millones de litros previstos durante 14 años más. Total combinado: 129.980 millones de litros de aguas tóxicas.
Inicialmente, la fase de mayor peligro supone 17.520 millones de litros en menos de 18 meses: 15.000 millones del vaciado de la corta de Los Frailes (aguas ácidas) y 2.520 millones del vaciado de la corta de Aznalcóllar (lodos tóxicos almacenados desde la rotura de la presa de 1998). Posteriormente se verterían 4.000 millones de litros anuales durante 17 años.
Aunque existen procesos de depuración del agua, los niveles de contaminación autorizados mantienen concentraciones peligrosas de arsénico, cadmio, cobre, cromo, mercurio, níquel, plomo, selenio y zinc. Este vertido amenaza la integridad de los ecosistemas, la salud humana y la seguridad alimentaria de los arrozales, la pesca, la ganadería, la acuicultura y la conservación de especies en peligro del estuario del Guadalquivir.
Municipios potencialmente afectados: Sevilla, Alcalá del Río, La Rinconada, La Algaba, Santiponce, Camas, Castilleja de la Cuesta, Tomares, San Juan de Aznalfarache, Bormujos, Mairena del Aljarafe, Gelves, Palomares del Río, Coria del Río, La Puebla del Río, Isla Mayor, Los Palacios y Villafranca, Las Cabezas de San Juan, Lebrija, El Cuervo de San Juan, Trebujena, Sanlúcar de Barrameda.
Frente a esta catástrofe inminente, ni la Junta de Andalucía ni la promotora minera han realizado los estudios necesarios e imprescindibles de impacto acumulativo eco-tóxico en sedimentos y biota para evaluar los efectos en dicho estuario. Se han violado gravemente los principios básicos de precaución.
Científicos de prestigio de las universidades de Granada, Cádiz y Sevilla concluyen con máxima alerta: la afectación ambiental y humana sería catastrófica, casi irreparable para el estuario del Guadalquivir, la salud humana y numerosos sectores económicos.